Durante el régimen franquista, las personas del colectivo fueron sometidas a una brutal represión social e institucional, impulsada por la ideología oficial de la dictadura. Una de las principales leyes para reprimir a las personas LGTBIQ+ fue la conocida coloquialmente como Ley de Vagos y Maleantes, que incluía a las personas homosexuales como “individuos peligrosos”, permitiendo al Estado su detención y encarcelamiento sin juicio previo. En el año 1970, este decreto fue sustituido por la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, que mantenía la criminalización de las personas del colectivo, proponiendo penas de hasta cinco años de internamiento en cárceles y manicomios. Estos instrumentos legales no fueron derogados en su totalidad hasta el año 1979, cuatro años después de la muerte del dictador.
Isabel es activista por libre y participa en muchos actos. Sobre el activismo, Javier señala que gracias a las iniciativas que hubo durante las décadas pasadas, como los años 90, se pudo contribuir mucho a la visibilización del colectivo y a la conquista de derechos. Sin embargo, no ha sido un camino nada fácil, ya que, según Fito Ferreiro, un reconocido activista LGTBIQ+, él mismo notó que ser activista empezaba a afectarle en su vida y en su carrera laboral, con miradas, comentarios por lo bajo, etc.
Isabel explica que una de las consecuencias más duras de lo sucedido con su despido nulo fue la depresión. A este respecto, una de las principales conclusiones del informe "Mayores LGTBI: historia, lucha y memoria", realizado por la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales (FELGTB) muestra que los mayores del colectivo presentan una suma de vulnerabilidades producidas por su edad y por su pertenencia al colectivo LGTBIQ+. Junto con estas dificultades, los autores afirman que, además de sufrir invisibilización, las personas mayores del colectivo han tenido que enfrentarse a discriminaciones sociales e institucionales y a unos índices de problemas de salud mental más elevados que la población general.
“Aparecí en la prensa a raíz de un despido nulo por mi orientación sexual y política. La consecuencia más terrible fue la pérdida de mi trabajo y de mi carrera laboral”.
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