“Yo creo que las mujeres seguimos más armarizadas que los hombres”, admite María Lucinda, a la vez que cuenta que la gente joven se “guarda menos”, hecho que le alegra. Y es que la rearmarización es uno de los problemas a los que se enfrentan las personas mayores del colectivo, ya que según un informe del Centro Nacional para la Igualdad de Ancianos, “la invisibilidad y estigmatización persistente en la vejez pueden tener un impacto significativo en la salud mental de las personas mayores LGBTI. La soledad se intensifica cuando estas personas se encuentran en entornos donde no se sienten seguras para expresar su identidad de género u orientación sexual”. Sobre este punto, el edadismo es algo a tener muy en cuenta también, ya que “como sociedad, nos está costando muchísimo entenderlo”, explica Paco Novo, trabajador social de la Fundación 26D.
“Con mi familia, fue poco a poco”, admite María Lucinda. En este aspecto, según la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales (FELGTB), casi un 60% de las personas que participaron en el estudio "Mayores LGTBI: historia, lucha y memoria" señalaron que su familia reaccionó negativamente ante la noticia de su orientación sexual.
“Lo mío fue complicado, nací en un puerto de mar”, explica María Lucinda. La juventud de las personas mayores del colectivo tuvo lugar en un contexto diferente al actual. Javier señala que, por suerte, se ven cambios en la sociedad y en la manera en la que la gente joven del colectivo disfruta y vive su orientación sexual en los entornos públicos y familiares.
María Lucinda cuenta que estuvo casada con un hombre, y que, cuando tuvo la primera relación con una mujer después de separarse, estuvieron amenazadas.
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