“Yo puedo decir con la boca muy llena que a mí el transformismo me salvó la vida, literalmente, y yo a cambio le dediqué la mía”. El transformismo es una manifestación artística en la que alguien se caracteriza como una persona del sexo opuesto. No se trata solamente del disfraz, sino que abarca también el maquillaje, los gestos y la manera de actuar.
Manuel asegura que el estigma sobre el VIH hace unas décadas llegaba hasta tal punto que, en alguna ocasión, una persona llegó a abandonar una sala en la que había alguien con VIH. El estigma asociado a esta enfermedad tiene más presencia en personas pertenecientes al colectivo LGTBIQ+. En referencia a esto, la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales (FELGTB) explica que, en este punto, “el reto es denunciar la presión social que, en muchas ocasiones, obliga a las personas con VIH al silencio y combatir el estigma, tanto interiorizado como el social, que hace que las personas con VIH vivan con sentimiento de culpa y vergüenza de forma injustificada, haciendo que esto merme en su salud psicoemocional”, explicando que “la realidad es que, en los países desarrollados, el VIH ha pasado de ser una enfermedad mortal a una infección crónica controlable. Cuando una persona inicia su tratamiento en el plazo de 3-6 meses la gran mayoría de las personas consiguen llegar a un estado de indetectabilidad.”
Durante el régimen franquista, las personas del colectivo fueron sometidas a una brutal represión social e institucional, impulsada por la ideología oficial de la dictadura. Una de las principales leyes para reprimir a las personas LGTBIQ+ fue la conocida coloquialmente como Ley de Vagos y Maleantes, que incluía a las personas homosexuales como “individuos peligrosos”, permitiendo al Estado su detención y encarcelamiento sin juicio previo.
En el año 1970, este decreto fue sustituido por la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, que mantenía la criminalización de las personas del colectivo, proponiendo penas de hasta cinco años de internamiento en cárceles y manicomios. Estos instrumentos legales no fueron derogados en su totalidad hasta el año 1979, cuatro años después de la muerte del dictador.
“Mi primer referente fue Bárbara Rey, y desde ese momento soñé en convertirme en esa señora. Igual que había niños que veían una película de indios y vaqueros y salían a la calle con una pistola de juguete pegando tiros, yo me ponía los ropajes de mi madre y decía que era Bárbara Rey”.
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